Cómo el antisemitismo se ha vuelto cada vez más visible y aceptado en distintos ámbitos internacionales, desde las redes sociales hasta espacios académicos y políticos. El artículo advierte sobre el peligro de normalizar discursos de odio y cuestiona la pasividad de organismos y líderes frente a un fenómeno que, según sostiene, atraviesa una preocupante expansión global.
Las dos mayores comunidades judías en Europa se encuentran en Francia (medio millón) y en Inglaterra (300 mil). El antisemitismo galopante y en incremento diario no es como en siglos anteriores. Islamismo extremista, extrema derecha, izquierda en todas sus variantes hacen una alianza no escrita donde los judíos son sus enemigos y ya no pueden seguir vendiendo el relato de que las guerras en Medio Oriente son la causa. Un judío francés o inglés atacado violentamente a la entrada de una sinagoga no tiene relación alguna con guerras en otro continente. Se trata de antisemitismo puro y duro. En ninguno de los dos países, los gobiernos apoyan la brutal violencia contra los judíos, pero los resultados muestran que los discursos se quedan en la intención y los militantes mercenarios que perpetran barbaries antijudías se sienten cada vez más fuertes.
Después del último ataque contra judíos en Inglaterra, el primer ministro Starmer se expresó con palabras presuntamente significativas: “La gente tiene miedo de mostrar quiénes son en su comunidad, miedo de ir a la sinagoga y practicar su religión, miedo de ir a la universidad siendo judíos, de enviar a sus hijos a la escuela como judíos, de decirles a sus colegas que son judíos, incluso de usar nuestro Servicio Nacional de Salud. Nadie debería vivir así en Gran Bretaña, pero los judíos lo hacen. El antisemitismo es un odio muy antiguo. La historia demuestra que sus raíces son profundas y que, si uno se da la vuelta, vuelve a crecer. Sin embargo, demasiadas personas en este país lo minimizan”. Las declaraciones de Starmer que probablemente muchos quisieran que también se hicieran en España, Brasil, Colombia, Sudáfrica, chocan con cifras y hechos.
La organización británica Community Security Trust (CST), cuyo objetivo es “proteger a los judíos británicos del terrorismo y el antisemitismo”, registró 3.700 casos de odio antisemita denunciados a lo largo de 2025, un aumento del 4% con respecto a los 3.556 incidentes registrados en 2024. En 2023 fue peor ya que se registró una cifra mayor, 4.298 casos de antisemitismo. En 2025, el 35% de los judíos calificaron su seguridad en Gran Bretaña entre 0 y 4 en una escala de 10 puntos. Un porcentaje importante teme transitar con símbolos como la Estrella de David, o la kipá o un uniforme escolar con letras en hebreo o nombres judíos. Los hechos hablan por sí solos.
El 2 de octubre de 2025 era Yom Kipur. Un hombre apuñaló varias personas en una sinagoga de Manchester y con su camioneta atropelló transeúntes. Hubo asesinados y heridos. El criminal, al cual abatió la policía, era Jihad al-Shamie de 35 años, ciudadano británico nacido en Siria. El gobierno británico calificó el ataque como terrorista. ¿Y? La calificación no devolvió la vida de los muertos ni alivió a los heridos, pero sí dejó marcado con sangre que el antisemitismo estaba muy instalado en Inglaterra. El asesino sirio era un violador y así lo denunciaron dos de sus tres esposas. La monogamia es evidentemente un tema de otra parte de la sociedad británica y no de la que cría, educa y alberga criminales. La mezquita donde Al-Shamie concurría fue muchas veces denunciada por la retórica de incitación a la violencia contra los judíos por parte de su Imán Abul Abbaas Naveed. El rey Carlos III condenó con dureza el ataque y fue personalmente con la reina a Manchester a saludar a la comunidad judía dos semanas después. Varios periodistas escribieron en sus columnas de opinión que nadie tenía derecho a decir otra cosa que el ataque en Manchester era puramente odio contra los judíos; que las sinagogas no son tanques u objetivos militares y que estaban frente a la peor expresión del odio antisemita: matar judíos por ser judíos.
Hace menos de un mes, el 28 de abril, dos judíos de 76 y 34 años, respectivamente, Moshé Shine y Shlomo Rand, fueron apuñalados con saña en Golders Green, un barrio muy populoso de Londres. El criminal era un ciudadano británico nacido en Somalia. Un grupo terrorista Harakat Ashab al- Yamin al- Islamiya se adjudicó el atentado y felicitó al perpetrador llamándolo uno “de nuestros valientes lobos solitarios”. Ni lobo ni valiente ni solitario. Actuó apoyado por una banda criminal ligada a Irán. Y, además, volvió la preocupación discursiva, no sólo del primer ministro inglés sino de otras autoridades. Pero los hechos se suman y el presidente de Israel Isaac Herzog, expresó el enojo del país: “Voy a ser muy claro. Ningún judío en el mundo puede ser blanco de un ataque por profesar su fe. En una de las grandes capitales de Occidente, hoy es peligroso caminar para los judíos y eso es inaceptable. El gobierno británico debe tomar medidas inmediatas, claras y urgentes antes que haya otro ataque similar”.
Pero los hechos son porfiados. Especialmente cuando los discursos son hasta muy fuertes(algunos) pero los espacios para perpetrar agresiones antisemitas siguen abiertos. Este lunes 18 de mayo, un israelí, Shalev Ben Shakar de 22 años, que caminaba por Golders Green (otra vez en este barrio judío de Londres) fue apuñalado y golpeado con saña por un grupo de árabes que lo escucharon hablando hebreo. El joven israelí estaba en Londres visitando a su familia y salió a la calle a hacer una llamada.
En marzo de este año, antes de los ataques físicos ya mencionados hubo un hecho brutal en Golders Green también. Cuatro ambulancias fueron incendiadas en la madrugada del 23. Las ambulancias pertenecen a Hatzala, una organización de servicios médicos de emergencia de la comunidad judía formada por voluntarios. ¿Qué dijeron las autoridades? Que era un caso que se investiga como un presunto crimen de odio, igual que acuchillamiento del joven israelí, que las autoridades no reportaron heridos e indicaron que los incendios se extinguieron. Además, evacuaron viviendas cercanas por precaución y cerraron algunas calles alrededor del incidente.
En esta columna, ya hemos hecho una nota similar a esta, pero de Francia, y más de una vez. Es que el antisemitismo francés además de histórico es hoy el más violento de Europa. Pero no termina por acá. Alemania, Bélgica, Suecia, Noruega, Dinamarca, Italia, Croacia, Lituania, y Europa en general, más allá de lo que puedan decir sus gobernantes de turno rechazando la discriminación y sobre todo el antisemitismo, no tiene menos antisemitismo latente y presente que hace 80 o 100 años. Hay un ADN que nunca dejó de existir, y que, incentivado por gobernantes, sabemos muy bien dónde y cómo termina. Y esto último es hoy para España. El gobierno no está ni siquiera molesto por el antisemitismo. Al revés, lo estimula con sus acusaciones obscenas que lanza hacia los diez millones de habitantes de Israel, pero suenan en las ciudades y las redes sociales españolas. Tampoco importa que en España haya una comunidad de unos 45 mil judíos, pequeña si la comparamos con Inglaterra o Francia. Cuando se odia como Sánchez, no hay límites porque no hay delito ni condena, sólo luz verde para el odio.
Una encuesta hecha por la Unión Europea en Alemania, Austria, Bélgica, República Checa, Dinamarca, España, Francia, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia, Rumanía y Suecia, porque allí vive aproximadamente el 96% de la población judía de la UE, concluyó:
El 80 % de los encuestados cree que el antisemitismo ha crecido en su país en los cinco años previos a la encuesta. El 90 % encontró antisemitismo en línea el año anterior a la encuesta. El 56 % de los encuestados encontraron antisemitismo fuera de línea en personas que conocían, y el 51 % detectó antisemitismo en los medios de comunicación. El 37 % afirma haber sufrido acoso por ser judíos el año anterior a la encuesta. La mayoría de los encuestados siguen preocupados por su propia seguridad (53 %) y por la de su familia (60 %). El 76 % oculta su identidad judía y el 34 % evita actos o lugares judíos porque no se sienten seguros. Como reacción al antisemitismo en línea, el 24 % evita publicar contenidos que los identifiquen como judíos.
¿Saben de qué año es esta encuesta? 2024. Si volvemos a mirar los países investigados, vemos que no está Inglaterra. Hoy, todas las cifras no sólo alcanzan casi el 100%, sino además se pueden agregar otros países de Europa, varios políticos y académicos de Estados Unidos, y asumir que muchos países de América Latina no quedan lejos ni de las cifras, ni de los hechos, ni de los incentivos para perpetrar ataques antisemitas.